lunes, 27 de octubre de 2008

El corazón de Arlene (libreto)


El corazón de Arlene

por Victoria Francés



LA MUÑECA MASECTOMIZADA


Había una vez una joven mendiga llamada Arlene que vivía en las calles de la gran ciudad de Nueva York. Desde niña dedicaba su vida a fabricar muñecas para las niñas ricas... ¡Y lo cierto es que lloraba cada vez que le compraban alguna de ellas... pues ellas eran su verdadera familia!

Un día, la pobre desdichada desarrolló una terrible enfermedad, y aunque tuvo la oportunidad de ingresar en un hospital para extirpar su pecho izquierdo, la joven de peluca blanca se durmió para siempre a los pocos meses de abandonar el frío de los quirófanos, entre la basura de los suburbios neoyorquinos...

Sin embargo, en el mismo momento en que dejaba de respirar, sintió cómo su cuerpo caía hacia un inmenso agujero negro repleto de estrellas.

Las nebulosas de colores embelesaron a la joven, que no cesaba de precipitarse hacia el vacío...

¡Incluso tuvo que aguantarse la blanca peluca para no perderla en el camino!

Suavemente, su cuerpo se detuvo en un extraño lugar nunca visto, plagado de agradables perfumes y seres de alas blancas. No tenía conciencia de dónde se encontraba, ni siquiera sabía quién era, ni quién fue en un pasado... Estaba totalmente perdida en aquel onírico mundo de colores.

Entre tanta confusión, escuchó un misterioso sonido que llenaba el ambiente. A lo lejos, cientos de latidos de corazón bombeaban al unísono rompiendo el silencio...

A los pocos momentos advirtió que su cuerpo era como el de una muñeca, y al deslizar los dedos entre su pecho izquierdo descubrió cómo una gruesa cicatriz cruzaba el lugar donde antes latía su corazón.

-Pero... ¿y esta cicatriz?, ¡me han robado el corazón! -exclamó Arlene al no sentir ningún latido en su pecho, bajo aquella cicatriz rosada.

Y fue entonces cuando la muñeca masectomizada emprendió un viaje en busca de su corazón...

Durante su peregrinaje en aquel idílico paisaje, cientos de latidos seguían marcando el ritmo en la distancia, y cuando aquel sonido se hacía más intenso, topaba con otros extraños seres que parecían estar tan perdidos o más que ella.

Y era curioso, porque por más que Arlene intentaba hablar con ellos, estos no la escuchaban, ni tan siquiera podían verla. ¡Parecían vivir inmersos en otra realidad diferente a la suya!

Únicamente sentían su presencia, pues todos esbozaban una sonrisa después de un breve silencio...

"Ha pasado un ángel", -pensaban...

Y siempre que Arlene volvía a emprender su camino, sentía cómo su energía se debilitaba por momentos, como si una espina se hubiera clavado en su ausente corazón...

-Me falta el aire -susurraba la muñeca de peluca blanca cada vez que sus fuerzas flaqueaban y su color palidecía...

Pero pronto volvía a sonreír mientras se introducía cada vez más en aquel mundo mágico, donde miles de latidos seguían esperando su presencia...

Ahora, mientras el atardecer matiza aquel mundo en tonalidades púrpura, Arlene mira al horizonte imaginando encontrar sus propios latidos. Acaricia la hermosa textura de su cicatriz y camina entre el hielo contagiando su alegría...

-Me han robado el corazón -repitió Arlene.

Y alzó su mirada hacia el mundo de los sueños...

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